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António Cordeiro

Perdón

El perdón no es un favor que se le hace a quien hirió. Es dejar de pagar la cuenta dos veces.

Casi todo el mundo aprendió una versión del perdón que no funciona: disculpar, olvidar, hacer como si nada. Por eso tanta gente decide que no es capaz de perdonar, en realidad se niega, y con razón, a mentir.

Hay otra forma de entenderlo. Lo que hirió ocurrió. Lo que se puede soltar es la obligación de revivirlo. No se perdona al otro; se suelta aquello que el episodio sigue exigiendo de nosotros todos los días.

Es el trabajo más difícil y el que más rápido cambia la calidad de vida, porque el resentimiento es caro, y cobra en silencio, todos los días, sin presentar nunca la factura.

Por dónde empezar
  1. Separar el hecho de lo que se cuenta sobre él

    El hecho ocurrió una vez. La historia se repite desde hace años.

  2. Reconocer lo que se gana al no perdonar

    Siempre hay algo. Razón, identidad, protección.

  3. Practicar en cosas pequeñas

    Nadie empieza por la herida mayor.

  4. Comprobarlo en el cuerpo

    Perdonar de verdad se nota en cómo se duerme, no en cómo se habla.

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